Una instalación fotovoltaica de autoconsumo parece sencilla: paneles en el tejado y menos factura. Pero el rendimiento real depende de cómo se diseñe y, sobre todo, de cómo se siga después.
Las piezas
- Paneles: producen electricidad en corriente continua.
- Inversor: la convierte en corriente alterna y es el cerebro de la instalación.
- Contador y protecciones: miden lo que se consume, lo que se produce y lo que se vierte a la red.
- Excedentes: la energía que no se consume en el momento puede verterse a la red, y en determinados casos compensarse en la factura.
Antes de instalar: mirar la cubierta
El potencial de una cubierta depende de su orientación, su inclinación, las sombras y la superficie disponible. Herramientas como la API de Google Solar permiten estimarlo a partir de imágenes aéreas, lo que ayuda a priorizar a qué clientes conviene visitar primero.
Después de instalar: monitorizar
Un inversor de marca como SMA genera datos continuamente: producción, estado y alarmas. Si nadie los mira, una instalación puede producir menos de lo esperado durante semanas sin que el cliente lo note.
Por eso es útil una aplicación que lea esos datos a través de la API del fabricante o de la plataforma de monitorización y los muestre de forma clara. Yo he construido una PWA conectada a Seinon y SMA que permite consultar el estado de las instalaciones desde el móvil.
Qué se gana
- Detectar una bajada de producción cuando ocurre.
- Poder explicar al cliente cómo funciona su instalación.
- Tener datos para el mantenimiento y para futuras ampliaciones.
El autoconsumo no termina en la puesta en marcha. Empieza ahí.
